La nueva secretaria

Tengo mi mejor traje puesto. Mis zapatos lucen limpios y elegantes, mi barba está perfectamente recortada y no hay ningún cabello fuera de lugar en mi cabeza. Espero que sea suficiente para impresionar.

Es tu primer día. Muchos dirían que la costosa silla acojinada del médico general es el mejor lugar para sentarse en este edificio, pero yo opino lo contrario. Mi modesto espacio suena como el lugar más hermoso cuando desde aquí puedo admirar tu belleza cada minuto.

Siento la tensión. La foto de tu currículum fue suficiente para enamorarme y mi corazón se llenó de alegría al saber que te habían contratado. Luego, vino la gran noticia: compartiremos la oficina.

Ahora estoy aquí, mirando la puerta sin cesar, esperando que esa manija gire y vea tu blanco y delicado cuerpo entrar, en medio de una mezcla de confusión y altas expectativas. ¿Cuál será tu primera impresión de mí? ¿Te gustaré? ¿Qué opinarás de cómo me veo? ¿Simplemente te seré indiferente?

El momento llega. Escucho unos delgados tacones hacer ruido a escasos metros y te veo entrar. Eres perfecta, mejor de lo que imaginaba. Te esforzaste en verte hermosa y elegante para tu primer día y eso oculta perfectamente lo nerviosa que estás. Volteas a todos lados, dejas tu bolso, no sabes qué hacer.

Yo tiemblo. Finalmente me miras y me diriges una sonrisa. Mi corazón se detiene.

—Buen día, compañero. Alejandra. Mucho gusto.

Me quedo callado. Para ti es un comentario gracioso para romper el hielo, pero para mí es la luz que ilumina mi día y paga la larga espera de esta mañana.

Las horas pasan en silencio. Golpean la puerta y entra tu nueva supervisora.

—¿Qué tal, Alejandra? Pasando a comprobar que estés bien. ¿Cómo pinta el primer día?

—Todo bien, doctora, gracias. Me han tratado muy bien y la oficina es muy cómoda. Solo le confesaré algo: debo estar un poco nerviosa, porque desde que llegué no dejo de sentir que el hombre pintado en el cuadro de la pared me mira fijamente.


Esta historia fue una de las ganadoras del concurso literario El Legado de Gabo, organizado por Ojos Verdes Ediciones en 2016.

Imagen: Alan Levine en Flickr.

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